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Mostrando entradas de 2026

Del vacío a la plenitud: Los 7 días que marcaron mi vida para siempre

 Hoy miro a  mi bebé y veo a una niña hermosa, llena de vida y felicidad. Pero para llegar a este presente de colores, tuve que atravesar los siete días más terribles de mi existencia . Fueron días donde mis ojos no distinguían matices; todo era una escala gris de incertidumbre, donde el tiempo parecía haberse detenido en una espera que me consumía el alma. Todo comenzó tras aquella cesárea a las 37 semanas. La preeclampsia me obligó a permanecer conectada a medicamentos, lejos de mi bebé desde el primer segundo . Recuerdo el despertar confuso y la espera eterna en la habitación. "Hay que esperar a la doctora", decían, mientras las horas se diluían entre el efecto de la anestesia y el silencio de un cuarto donde faltaba el sonido más importante.   Al tercer día, la noticia me golpeó: La bebé presentaba un cuadro respiratorio complicado por la inmadurez de sus pulmones, se queda en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal (UCIN). Recibir el alta médica el cuarto día...

Mi guía de supervivencia para gases e hipo

  Si eres mamá primeriza, seguro me entenderás: esos primeros 28 días de vida de mi bebé fueron una montaña rusa. Me pasaba las horas buscando en Google y redes sociales cualquier remedio que le quitara el malestar. Hoy, con mi bebé de 5 meses, sigo usando los mismos tips porque, simplemente, funcionan al 100%. Aquí te comparto lo que ha sido mi manual de oro, filtrando lo que sí sirve y lo que preferí dejar pasar. Para los gases y el reflujo (Lo que nunca falla):   Palmaditas en forma de "O" o "U" : No se trata de golpear, sino de hacer efecto ventoso. Pongo la mano en forma de cuenco para que el aire suba sin lastimarla.   La regla de los 30 minutos: Aunque ya haya eructado, no la acuesto . Mantenerla vertical en mi hombro por 20 o 30 minutos es mi seguro contra el reflujo. Es el tiempo que la leche necesita para asentarse y garantizar una siesta tranquila. El hipo: Mi "trilogía" de succión y calma El hipo suele desesperarnos más a nosotros qu...

Besitos Fríos, Amor Infinito

6 de noviembre 12:35 PM: El instante en que la tensión se transformó en el primer llanto. A veces la maternidad nos enseña su primera lección antes de que el bebé nazca: no tenemos el control de nada . Todas las que me siguen saben que soy una mujer de planes, de agendas y de orden.  Tenía mi fecha marcada en el calendario para el 11 de noviembre, el día en que entraría en mi semana 38 y recibiría a mi hija con todo bajo control. Pero la vida, o quizás la misma bebé , decidió que no podíamos esperar más.  El 6 de noviembre, cuando apenas cursaba la semana 37 , fui al consultorio de la doctora Katia Martínez con un objetivo simple: buscar un papel para el depósito de sangre de mi cesárea programada. Era un trámite más, una diligencia de rutina. Sin embargo, Katia, con esa intuición que solo tienen los grandes médicos, decidió tomarme la presión por precaución. Ahí empezó una secuencia que nunca olvidaré. La primera toma salió sumamente alta. Por un momento quise creer que era ...

Cuerpo cansado, alma alerta: Diario de mis últimas semanas

A veces idealizamos la recta final del embarazo como un momento de dulce espera, pero para muchas de nosotras, la realidad es distinta.  Hoy quiero contarles cómo fueron mis últimas semanas de panza; un periodo que, si les soy honesta, estuvo marcado por la preocupación y un aprendizaje forzoso sobre la resiliencia. Todo cambió cuando entré en la semana 33. En esa primera consulta c on el cardiólogo, los números hablaron: 138/97. Mi presión arterial había decidido jugar en contra. Comencé con un solo medicamento y, aunque los días empezaron a sentirse más lentos, trataba de mantener la calma pensando que todo estaba bajo control. Para la semana 34, la dosis se duplicó . No solo eran los medicamentos; mi cuerpo empezó a pasarme factura. Gané mucho peso rápidamente y mis movimientos se limitaron. Sentía que el tiempo se detenía. Al llegar a la semana 35 , la situación se volvió más compleja: tres pastillas diarias y un monitoreo constante con el doctor Pandelo y la doctora Martíne...

El valor de la confianza: Cómo elegí a quién acompañaría mi camino a la maternidad

Elegir al profesional que te acompañará durante el embarazo es una de las decisiones más trascendentales que tomamos al iniciar este camino. No se trata solo de buscar a un experto técnico, sino de encontrar a alguien que brinde seguridad y empatía en los momentos de mayor vulnerabilidad. Desde el segundo en que supe que estaba embarazada, una persona llegó de inmediato a mi mente. Había trabajado con la doctora  Katia Martínez anteriormente y pude observar de primera mano su ética profesional y su claridad al hablar. Ver cómo traía bebés al mundo de una manera tan positiva dejó una huella en mí. Aunque tenía otra ginecóloga muy buena, supe que para el nacimiento de mi hija necesitaba esa conexión especial que solo ella me inspiraba. Desde ese "momento cero", el acompañamiento de la doctora fue excepcional y marcó el inicio de una etapa de mucha paz. En un mundo médico que a veces parece ir a contrarreloj, ella se tomaba hasta una hora y media conmigo en cada consulta. No era...

El peso de dar vida: Mi batalla mental entre las libras y el amor

Hay algo que no te dicen en las consultas prenatales, y es que mientras tu bebé crece, tu identidad física parece irse por la ventana. Hoy quiero hablarles sobre un tema que para mí fue un reto gigante: la  batalla con la báscula. Para entender por qué me impactó tanto, hay que ir al inicio. Antes de quedar embarazada en abril de 2025, yo celebraba un logro personal: estaba en mis 120 libras. Me tomó más de tres años de disciplina bajar desde las 169 libras que cargué por mucho tiempo. Me sentía en mi mejor momento físico. A partir de la semana 20 de embarazo, los registros empezaron a subir de una forma que no podía creer. De 145 pasé a 155, luego a 160... hasta que en la semana 37, cuando nació mi pequeña, la báscula marcaba 170 libras.   Sinceramente, era increíble. Ver cómo en unos meses recuperé todo el peso que tardé años en perder me generaba un ruido interno constante. Aunque me repetía : "Lissette, es el proceso, es el líquido amniótico, es la placenta, es el milagro...

El valor de no estar sola

¡Hola! Hoy quiero hablarles sobre algo que, para mí, fue el pilar fundamental durante los meses de espera: el acompañamiento. Traer una vida al mundo es un proceso transformador, pero vivirlo rodeada de amor lo cambia absolutamente todo. Desde el día uno, mi esposo estuvo ahí. Recuerdo que en la primera consulta me dijo, casi como para no crear expectativas: "Yo no voy a poder estar siempre". Y yo, muy comprensiva, le dije que estaba bien, que no era necesario que me acompañara a cada cita. Pero como decimos aquí, en buen dominicano, eso se quedó solo "de la boca para afuera". Mes tras mes, y luego semana tras semana cuando el final se acercaba, él nunca soltó mi mano. Su presencia constante fue mi ancla; en los momentos difíciles, saber que no estaba sola en este desafío de dar vida me dio una fuerza que no puedo explicar. Sé que, lamentablemente, muchas mujeres en nuestro país enfrentan el embarazo en soledad. En mi caso, tuve la bendición de sentirme más acompaña...

El día que mis pies se fueron de vacaciones

Hay un momento en el embarazo, exactamente alrededor del octavo mes, en el que ocurre un fenómeno paranormal: tus pies desaparecen. No es que se escapen, es que tu barriga decide que ella es la única protagonista del espectáculo. Yo aumenté 50 libras. Sí, 50. Y les confieso que, al principio, cuando me metía a la ducha y bajaba la mirada solo para encontrarme con una curva infinita que bloqueaba cualquier rastro de mis dedos, sentí una frustración real. Se siente como perder el control de tu propio territorio. Te intentas inclinar y... "ah, carajo", la gravedad te recuerda quién manda ahora. Pasé de la frustración a entender que mi cuerpo estaba haciendo un trabajo de ingeniería increíble. Mi barriga no era un obstáculo; era el hogar de mi bebé  y ese hogar estaba creciendo a pasos agigantados. Empecé a reírme sola en la ducha. Me despedía de mis pies por la mañana: "Nos vemos en un par de meses, chicos, pórtense bien allá abajo". Aprendí que si no podía alcanzarme ...

Resistir para abrazarte

 El embarazo suele pintarse como una espera de paz, pero para mí, fue una travesía de resistencia. Fue aprender a amar en medio de la incertidumbre, entregando cada miedo a Dios mientras mi cuerpo libraba sus propias batallas. Hoy quiero compartirles los tres momentos donde el temor intentó ganarme la partida, y cómo la fe me mantuvo en pie. El primer susurro del miedo Todo comenzó apenas supe que venías en camino. En esa primera semana, el mundo se detuvo con un sangrado inesperado. "Amenaza de aborto", dijeron. En esos días de reposo forzado, mi mente era un hervidero de preguntas: ¿Por qué ahora? ¿Qué pasará si...? El silencio de la habitación era pesado, pero en ese vacío, decidí soltar el control. Entregué tu salud a Dios y, poco a poco, ese primer obstáculo quedó atrás. El susto que me robó el aliento La segunda prueba llegó tras unos días de descanso. Apenas regresaba de vacaciones cuando un sangrado fuerte, repentino y violento, me mandó corriendo al baño de un centro...

De "Cuadritos" a la Panza: Mi Cita a Ciegas en Atenas (Parte II)

Hay edades que se sienten como un umbral, y para mí, los 35 eran ese número. Desde que soplé las velas de los 34, lo supe: mi próximo cumpleaños no sería una fiesta común. Quería algo que me diera una satisfacción profunda, un "gracias a mí misma" por tanto esfuerzo y trabajo. Mi meta estaba clara: Europa, y específicamente, el azul infinito de Grecia. Soy de las que planifica. En noviembre de 2024 ya estaba moviendo papeles y para enero de 2025 mi visa Schengen era una realidad. Todo iba sobre ruedas, hasta que Dios y la vida decidieron enviarme el regalo más inesperado: mi bebé. Como les conté en la entrada anterior, los planes cambiaron de forma, pero no de destino. En junio, con mi pancita y toda la ilusión del mundo, aterricé en Madrid, hice una escala en la histórica Roma y finalmente llegué a Atenas, justo un día antes de mi cumpleaños. Un Cumpleaños "Sola", pero Acompañada Esa noche en Grecia fue distinta a cualquier otra celebración que haya tenido. Por pri...

Europa: De los cuadritos a la panza

Para muchas personas, dar una “vueltecita” fuera de la isla estando embarazada es lo más normal del mundo. Pero para mí, como madre primeriza y alguien que planifica vacaciones de esa magnitud cada dos o tres años, el panorama era muy distinto. Todo comenzó en diciembre de 2024. Mi plan era perfecto: celebraría mis 35 años en Europa . En ese momento, mi única meta era ir al gimnasio para lucir mis " cuadritos " y dar bikinisazos bajo el sol del verano europeo. No estaba buscando un bebé, pero Dios tenía otros planes. De repente, me vi con la visa en mano, el viaje pagado y una incipiente barriguita. Los planes seguían en pie, pero ahora con una lista de dudas que se hacían gigantes en mi mente: ¿Podré subirme al avión? ¿Qué medicamentos llevo? ¿Cuánto podré caminar? ¿Qué pasa si tengo una emergencia sola en el extranjero? Volví loca a mi ginecóloga durante la planificación, buscando crear un programa de vacaciones seguro. Pero, como todas sabemos, una cosa es lo que planeas ...

Más que comida: Mi montaña rusa de antojos en el embarazo

  Muchos creen que los antojos durante el embarazo son cosas que nos sacamos "debajo del sombrero". Nuestros esposos, parejas o familiares a veces piensan que es pura creatividad nuestra para ser consentidas, pero la realidad es otra. Esa sensación que te invade en el momento en que deseas comer, degustar, oler o, en algunos casos, sentir algo específico, va mucho más allá de un simple capricho; es una necesidad visceral que se instala en el cuerpo y no te da tregua hasta que logras satisfacerla. He escuchado de antojos extrañísimos, pero en mi caso fueron de lo más comunes. Mi primer gran deseo fueron unos espaguetis rojos estilo dominicano, pero tenían que ser hechos por mi mamá. No eran unos espaguetis cualquiera; tenían que ser los de ella, acompañados de su arroz y sus habichuelas rojas. Esa sensación de que "algo te falta" es tan grande que, hasta que no tuve ese plato frente a mí, no me sentí completa. Incluso llegué a sentir una tristeza profunda por no pode...

¿Niño o niña?

Esa fue una de las primeras preguntas que me hice en cuanto supe que estaba embarazada. Antes de confirmar el sexo de mi bebé, me dejé llevar por las suposiciones y los mitos de la gente mayor. Ya saben: que si tienes antojos salados es varón y si son dulces es hembra; que si la piel se pone linda es niña, pero si se mancha o se oscurece es niño... y así, una lista interminable. En mi caso, todo apuntaba a que sería un niño . No soportaba los dulces, mi piel se llenó de manchas y "bolitas", y la forma de mi panza era exactamente como decían que debía ser la de un varón. Eran tantas las coincidencias con esas creencias populares que terminé convencida de que venía un hombrecito en camino . Ya lo estaba interiorizando, aunque en el fondo mi deseo era tener una niña. No quería que, si realmente era un varón —como todo parecía indicar—, esa criaturita sintiera mi posible decepción. Por eso pasé tres meses repitiéndome: "Es un varón y se llamará Adán" . Pero ¡oh, sorpre...

Esto se llama "El inicio"

Es el comienzo de la etapa más hermosa que he vivido; una etapa que no fue planificada, pero que abrazó mi vida desde el momento en que me enteré de que estaba embarazada. Aquel 7 de abril de 2025, con seis semanas de embarazo , la maternidad tocó a mi puerta. Para mí, ese día inició todo. Mi cuerpo cambió al instante: apareció esa pancita que tanto me esforcé por bajar durante dos años de dietas, ejercicios, té, agua de jamaica y mil cosas más. Pero en el segundo en que supe que mi bebé estaba ahí, mi chip cambió; empecé a cuidar cada bocado, pensando solo en nutrir a ese pequeño ser. Pero no solo fue la alimentación. Tuve que cambiar hasta mi rutina de skincare , porque el retinol podía hacerle daño. Dejé de "beber romo" y de caminar como una loca (porque estas paticas me pican y suelo andar como si me estuvieran persiguiendo). Al saber que venía esa criatura, entendí que había que caminar con más calma. Fueron muchos cambios que me dieron a entender que llegaba algo nue...