Hay algo que no te dicen en las consultas prenatales, y es que mientras tu bebé crece, tu identidad física parece irse por la ventana. Hoy quiero hablarles sobre un tema que para mí fue un reto gigante: la batalla con la báscula.
Para entender por qué me impactó tanto, hay que ir al inicio. Antes de quedar embarazada en abril de 2025, yo celebraba un logro personal: estaba en mis 120 libras. Me tomó más de tres años de disciplina bajar desde las 169 libras que cargué por mucho tiempo. Me sentía en mi mejor momento físico.
A partir de la semana 20 de embarazo, los registros empezaron a subir de una forma que no podía creer. De 145 pasé a 155, luego a 160... hasta que en la semana 37, cuando nació mi pequeña, la báscula marcaba 170 libras.
Sinceramente, era increíble. Ver cómo en unos meses recuperé todo el peso que tardé años en perder me generaba un ruido interno constante. Aunque me repetía: "Lissette, es el proceso, es el líquido amniótico, es la placenta, es el milagro de la vida", una parte de mí gritaba: "¡Wow, después de tanto trabajo, volviste aquí!".
Mi embarazo no fue de náuseas; fue de HAMBRE. El café, que siempre ha sido mi gran amor, me dio la espalda, y los dulces ni me pasaban por el lado. Mi cuerpo me exigía energía real, comida de verdad.
Con mi estatura de 5'1", cargar 50 libras extra no fue solo un reto estético, fue un desafío físico real. Mis pies, mis caderas y mi espalda sentían cada onza de ese peso. Era mi cuerpo pequeño tratando de sostener un universo entero.
Hoy, a punto de que mi bebé cumpla sus cinco meses, estoy en las 150 libras. He bajado 20, pero todavía me faltan otras 20 para sentirme "yo" otra vez.
Es necesario que nos demos permiso para extrañar a la mujer que veíamos en el espejo antes de las estrías y las libras extras. A veces, la sociedad nos presiona para que solo sintamos gratitud por el bebé, como si admitir que extrañamos nuestra ropa anterior nos hiciera 'malas madres'.
Pero la realidad es que el bienestar mental empieza por la honestidad: está bien vivir ese pequeño duelo por el cuerpo que conocíamos. No es vanidad, es salud emocional reconocer que somos personas más allá de la maternidad. Sentirse bien en nuestra propia piel es una pieza clave de nuestra estabilidad, y entender que este proceso de recuperación es una maratón, no una carrera de velocidad, es lo que nos permite maternar desde la paz y no desde la frustración.
A veces me miro al espejo y pienso: “Perdí ese cuerpo por el que tanto trabajé”. Pero luego miro a mi bebé y la respuesta llega sola: No perdí, transformé. He ganado una vida que me reconforta, un amor que me llena y una fuerza que no sabía que tenía. Mi cuerpo hoy cuenta la historia de cómo hice espacio para lo más hermoso que tengo.
Cuidar mi mente es tan importante como cuidar mi espalda; ambas sostienen hoy el mundo de mi hija.
Seguirás sosteniendo ese amor por vida, cada marca que dejan es un regalo que te recuerdan que tan maravilloso es ser madre.
ResponderEliminar¡Amén! Es un amor que no conoce límites. Gracias por ver esas marcas como un regalo; me quedo con esa frase para los días en que necesito un abrazo al alma. ¡Un abrazo fuerte!
EliminarOhhh wowwww!!!
ResponderEliminarHermoso leerte! Y pensar que llevamos luchas internas que solo nosotras cargamos y quizás para el mundo exterior es simplemente un descuido, y todo nuestro ser haciendo esta batalla emocional.
¡Qué gran verdad acabas de decir! Gracias por ponerle palabras a ese sentimiento. Esa batalla emocional es real y merece ser reconocida. Qué alegría que este espacio te haya servido para sentirte escuchada.
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