Hay un momento en el embarazo, exactamente alrededor del octavo mes, en el que ocurre un fenómeno paranormal: tus pies desaparecen. No es que se escapen, es que tu barriga decide que ella es la única protagonista del espectáculo. Yo aumenté 50 libras. Sí, 50. Y les confieso que, al principio, cuando me metía a la ducha y bajaba la mirada solo para encontrarme con una curva infinita que bloqueaba cualquier rastro de mis dedos, sentí una frustración real. Se siente como perder el control de tu propio territorio. Te intentas inclinar y... "ah, carajo", la gravedad te recuerda quién manda ahora. Pasé de la frustración a entender que mi cuerpo estaba haciendo un trabajo de ingeniería increíble. Mi barriga no era un obstáculo; era el hogar de mi bebé y ese hogar estaba creciendo a pasos agigantados. Empecé a reírme sola en la ducha. Me despedía de mis pies por la mañana: "Nos vemos en un par de meses, chicos, pórtense bien allá abajo". Aprendí que si no podía alcanzarme ...
¡Hola, soy Lissette! ¡Bienvenidas a este rincón de desahogo y aprendizaje! No soy una experta en crianza, ni tengo todas las respuestas, pero sí tengo una historia que contar. "Cuaderno digital de maternidad real"