Hay un momento en el embarazo, exactamente alrededor del octavo mes, en el que ocurre un fenómeno paranormal: tus pies desaparecen. No es que se escapen, es que tu barriga decide que ella es la única protagonista del espectáculo.
Yo aumenté 50 libras. Sí, 50. Y les confieso que, al principio, cuando me metía a la ducha y bajaba la mirada solo para encontrarme con una curva infinita que bloqueaba cualquier rastro de mis dedos, sentí una frustración real. Se siente como perder el control de tu propio territorio. Te intentas inclinar y... "ah, carajo", la gravedad te recuerda quién manda ahora.
Pasé de la frustración a entender que mi cuerpo estaba haciendo un trabajo de ingeniería increíble. Mi barriga no era un obstáculo; era el hogar de mi bebé y ese hogar estaba creciendo a pasos agigantados.
Empecé a reírme sola en la ducha. Me despedía de mis pies por la mañana: "Nos vemos en un par de meses, chicos, pórtense bien allá abajo". Aprendí que si no podía alcanzarme los dedos para pintarme las uñas, era la excusa perfecta para dejarme consentir por mi red de apoyo, mi tribu, o simplemente para aceptar que la perfección está sobrevalorada cuando estás fabricando vida.
Lecciones de una barriga de 50 libras:
La paciencia no es esperar, es saber mirar hacia otro lado: Si no ves tus pies, mira hacia adelante. Lo que viene es mucho mejor.
El humor es el mejor aliado: Si no puedes abrocharte los zapatos, búscale la gracia al asunto. Al final, las sandalias terminan siendo tus mejores amigas.
Aceptar el cambio: Esas 50 libras fueron el peso del amor, de los antojos compartidos y de la fuerza que no sabía que tenía.
A todas las que hoy están en ese punto donde la barriga no las deja verse los zapatos: Tranquilas. No se han ido para siempre, solo están esperando a que llegue el momento de correr detrás de alguien que los va a usar de trampolín.

Jajajaja me encanta, todo lo de la panza para abajo desaparece 😆
ResponderEliminarJajaja, si amiga
EliminarAy amiga, ponerse los zapatos cuando ni siquiera podíamos ver nuestros pies hahhahaha. A todas las futuras madres que abracen esas libras con todo el amor del mundo.
ResponderEliminar¡Jajajaja! ¡Qué fuerte, pero qué cierto! El nivel de acrobacia que una hace para ponerse los zapatos en esa etapa es de medalla olímpica. Me encanta eso que dices de abrazar las libras; al final, son la prueba de que estábamos fabricando vida (¡y de que comimos con gusto!). ¡Gracias por hacerme reír y por ese consejo tan lindo para las futuras mamis!
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