Esa fue una de las primeras preguntas que me hice en cuanto supe que estaba embarazada.
Antes de confirmar el sexo de mi bebé, me dejé llevar por las suposiciones y los mitos de la gente mayor. Ya saben: que si tienes antojos salados es varón y si son dulces es hembra; que si la piel se pone linda es niña, pero si se mancha o se oscurece es niño... y así, una lista interminable.
En mi caso, todo apuntaba a que sería un niño. No soportaba los dulces, mi piel se llenó de manchas y "bolitas", y la forma de mi panza era exactamente como decían que debía ser la de un varón. Eran tantas las coincidencias con esas creencias populares que terminé convencida de que venía un hombrecito en camino.
Ya lo estaba interiorizando, aunque en el fondo mi deseo era tener una niña. No quería que, si realmente era un varón —como todo parecía indicar—, esa criaturita sintiera mi posible decepción. Por eso pasé tres meses repitiéndome: "Es un varón y se llamará Adán".
Pero ¡oh, sorpresa! El último domingo de mayo, aprovechando la celebración del Día de las Madres, decidimos hacer la revelación de sexo por idea de mi hermana del medio. Queríamos que fuera el regalo perfecto para mami ese día.
Quince días antes me había hecho la prueba de sangre en Laboratorio Referencia (que es 99% segura) y le envié el comprobante a mi hermana para que ella viera los resultados. Ese domingo me sentía feliz pero muy nerviosa. Aunque estaba mentalizada con el niño, mi corazón seguía deseando a mi niña... y así lo quiso Dios.
Fue una alegría inmensa saber que eras esa niña hermosa que tanto soñaba. Te habría amado igual si hubieses sido varón, pero no les voy a negar que no cabía de la felicidad al saber que por fin llegabas tú.
Al final, más allá de las formas de la panza, los antojos o las creencias populares, lo único cierto es que el amor de madre no entiende de mitos. Aunque los pronósticos decían una cosa y mi corazón otra, recibir la noticia de que venías tú fue el recordatorio perfecto de que los planes de Dios siempre son mejores que nuestras suposiciones.
Y tú, ¿también te dejaste llevar por lo que decía la gente o siempre supiste quién venía en camino? ¡Cuéntame tu experiencia en los comentarios!

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Qué lindura! Me pasó algo muy parecido: deseaba una niña, pero fui preparándome para que fuera varón y así no ilusionarme de más.
ResponderEliminarPapá Dios es perfecto en sus planes… y hoy celebramos y amamos profundamente a esa hermosa bebé que trajiste al mundo.
Así es. Un regalo del cielo que hoy amamos con todo el alma. ¡Un abrazo! 🥰
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