A veces idealizamos la recta final del embarazo como un momento de dulce espera, pero para muchas de nosotras, la realidad es distinta.
Hoy quiero contarles cómo fueron mis últimas semanas de panza; un periodo que, si les soy honesta, estuvo marcado por la preocupación y un aprendizaje forzoso sobre la resiliencia.
Todo cambió cuando entré en la semana 33. En esa primera consulta con el cardiólogo, los números hablaron: 138/97. Mi presión arterial había decidido jugar en contra. Comencé con un solo medicamento y, aunque los días empezaron a sentirse más lentos, trataba de mantener la calma pensando que todo estaba bajo control.
Para la semana 34, la dosis se duplicó. No solo eran los medicamentos; mi cuerpo empezó a pasarme factura. Gané mucho peso rápidamente y mis movimientos se limitaron. Sentía que el tiempo se detenía.
Al llegar a la semana 35, la situación se volvió más compleja: tres pastillas diarias y un monitoreo constante con el doctor Pandelo y la doctora Martínez. Aunque estaba en excelentes manos médicas, mi ansiedad se disparó por las nubes.
"No les voy a negar que el miedo me sobrepasó. Lloraba con frecuencia y comía sin control. La presión alta en el embarazo no es un juego, y vivir con esa incertidumbre es agotador".
Hubo momentos en los que, a pesar de tener a mi esposo al lado, me sentía profundamente sola. Es una soledad extraña, la de quien pone el cuerpo y carga con el temor de que algo no salga bien.
Algo que empeoró mi estado fue el bombardeo de las redes sociales. El algoritmo parece detectar tus miedos y comienza a mostrarte historias y datos que solo elevan la ansiedad. Si estás pasando por algo similar, mi consejo es: suelta el celular. La sobreinformación en momentos de vulnerabilidad puede ser un enemigo silencioso.
Comparto estas letras, quizás muy íntimas, porque escribir es mi forma de drenar las frustraciones que quedaron del embarazo y el postparto. No para todas es igual (gracias a Dios, porque si no, ¡qué difícil sería!), pero mi último mes fue una montaña rusa de incertidumbre que no le deseo a nadie.
A pesar de lo tedioso, de los medicamentos y del miedo, había una luz que lo iluminaba todo. En medio de la crisis de ansiedad, sentía a "esa muchachita" pateándome con fuerza. En ese instante, el miedo se pausaba y me invadía una felicidad del diantre. Esos movimientos eran el recordatorio de que, a pesar de todo, estábamos juntas en esto.

Amigaaa! Coincido contigo en el tema de las redes, yo en ese momento borré tiktok porque el contenido que me salía no me hacía bien y me daba mucha ansiedad y preocupación 🙁
ResponderEliminar