Hay edades que se sienten como un umbral, y para mí, los 35 eran ese número. Desde que soplé las velas de los 34, lo supe: mi próximo cumpleaños no sería una fiesta común. Quería algo que me diera una satisfacción profunda, un "gracias a mí misma" por tanto esfuerzo y trabajo. Mi meta estaba clara: Europa, y específicamente, el azul infinito de Grecia.
Soy de las que planifica. En noviembre de 2024 ya estaba moviendo papeles y para enero de 2025 mi visa Schengen era una realidad. Todo iba sobre ruedas, hasta que Dios y la vida decidieron enviarme el regalo más inesperado: mi bebé.
Como les conté en la entrada anterior, los planes cambiaron de forma, pero no de destino. En junio, con mi pancita y toda la ilusión del mundo, aterricé en Madrid, hice una escala en la histórica Roma y finalmente llegué a Atenas, justo un día antes de mi cumpleaños.
Un Cumpleaños "Sola", pero Acompañada
Esa noche en Grecia fue distinta a cualquier otra celebración que haya tenido. Por primera vez en mi vida, recibí un año nuevo lejos de todos los que quiero. Estaba en una terraza hermosa, con una vista que parecía sacada de un sueño, cenando bajo una luna llena que brillaba más que nunca.
Podría haberme sentido triste por la distancia, pero fue todo lo contrario. Me sentí plena.
Ahí, sentada con mi mojito sin alcohol en la mano, tuve la conversación más honesta de mi vida conmigo misma. Me pregunté qué sería de mí de ahora en adelante, cómo cambiaría mi mundo con la llegada de mi niña... y entre bocado y bocado, me di cuenta de que este no era solo un viaje de turismo; era un logro personal.
Para algunos, viajar embarazada a otro continente puede parecer una locura o algo "normal", pero para mí fue la conquista de un sueño que tenía desde pequeña. Soplé mis 35 velas en Atenas sintiéndome más fuerte que nunca. No estaba sola: mi bebé estaba ahí, viviendo conmigo el primer gran viaje de su existencia (¡aunque todavía no lo sepa!).
Si hay algo que aprendí esa noche bajo el cielo griego es esto: Nunca dejes pasar la oportunidad de celebrarte. No esperes a que alguien más lo haga por ti. Si sientes que necesitas ese espacio, ese regalo, ese momento de "añoñarte" y decirte "lo estás haciendo bien", hazlo.
Mis 35 no fueron como los planeé a los 34, fueron mucho mejores. Fueron el cierre de una etapa y el inicio de la aventura más grande de todas: la de ser mamá, habiendo cumplido primero mis propios anhelos.

Nunca dejes de celebrarte, 🎉🎉🎉
ResponderEliminarAmiga que bello, al leer tu historia me hiciste imaginarme ahí. Gratitud por lo vivido, a Dios las gracias
Eliminar¡Gracias por leerme con tanto cariño! Escribirlo fue como revivirlo todo otra vez y me hace muy feliz que te llegara al corazón. Amén, gratitud total.
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