El primer día que te llevas a tu bebé a casa es como el estreno de una película de acción: empieza con música romántica y termina con persecuciones y drama en la emergencia.
Todo empezó en la unidad de cuidados intensivos. Antes de
darnos el alta, las enfermeras me preguntan lo que toda madre dominicana
espera: “¿Le vamos a poner los aretes?”.
Yo, que no quería cargar con el trauma (ni con la culpa) de
ver a mi muchachita de 7 días sufriendo por pura estética, miré a mi esposo.
Como él es extranjero y estas costumbres le suenan a otro planeta, le solté la
bomba: “¿Se los ponemos?”. Él, entre la emoción y el despiste, me dijo que sí. ¡Decisión
tomada! Mi conciencia quedó limpia: si llora, fue por papá.
Pero el mambo de verdad fue cuando nos la entregaron. Cuando
él vio a su recién nacida con sus hoyitos hechos, casi se nos desmaya ahí
mismo.
— “¿Pero ¿Qué le hicieron? ¡Eso le duele!” —decía él con
cara de tragedia.
Y yo por dentro: ¡Pero si tú fuiste el que dio el permiso!
Primer round de paternidad: 1, Nosotros: 0.
De la risa al llanto (literalmente)
Salimos de la clínica y yo no cabía en mi cuerpo. Tenía una
sonrisa tan grande que las mejillas me pedían un descanso. Íbamos en el carro
planificando el futuro, las fotos, la vida perfecta. Mi mamá estaba que
explotaba de alegría y el papá... bueno, el papá todavía se estaba recuperando
del "trauma" de los aretes, pero estaba inmensamente feliz.
Llegamos a casa, sesión de fotos digna de revista, todo era
paz... hasta que llegó la toma de la noche.
Ahí estaba yo, dándole su tetica, sintiéndome la mamá más
experta del mundo, cuando de repente la bebé se atora. Se puso roja. Se puso
morada. Empezó a toser. Mi grito se oyó en todo Santo Domingo: ¡ LA
NIÑAAAAA!.
Si por los aretes él se asustó, por este espanto casi llama
al Vaticano. Entre palmaditas y poniéndola hacia abajo, la bebé volvió a
respirar como si estuviera en un spa, pero nosotros ya estábamos en modo pánico
nivel Dios. Llamamos a la doctora y nos mandó directo a emergencia "por
precaución".
Allá llegamos nosotros dos, con el alma en un hilo, para que
la doctora nos mirara con esa carita de:
— ¿Son primerizos, ¿verdad? —nos soltó con una risita
burlona.
Resumen de nuestro primer día:
1. Le perforamos las orejas
a la niña (culpa de papá).
2. Casi nos da un
infarto por un "atraconcito" normal.
3. Terminamos en
emergencia a las mil de la noche para que nos recordaran que somos unos novatos
exagerados.
¡Bienvenida a casa, mi niña amada! Prepárate, que tus papás son un
show.

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